viernes, 27 de septiembre de 2013

El amor y el conocimiento




Aguardas el momento de hacerme caer; tus dientes en mi hombro. Tus brazos sobre mi como la rama de un árbol al que me he acercado demasiado y tus piernas como una prenda bien abrochada. bajo el agua, te agarro un muslo con fuerza. Tu aprietas también, retándome peligrosa y alegremente, como un animal convencido, a pesar de que sé que un poco más - solo un poco más - y serás tu la que caiga. Tus ojos acechantes, tu sonreír con mi piel plegada entre los dientes, con cuidado de no desgarrarla pero con cuidado de que no se te escape. Es una posición de combate, pero es, en todo caso, un combate en el que ganar o perder forma parte del mismo acontecimiento feliz. 

Un colega me dijo una vez que querer es conocer.  Quien te quiere te conoce, o al menos, se preocupa de hacerlo. Con esto, desde luego, no resolvió el enigma que de aquella noche: ¿qué es un amigo, qué es querer a alguien?. Pero en una larga conversación entre pitillos compartidos y copas de vino del día anterior, si que fue un paso más en el campo ciego que a veces se abre delante de uno cuando se hace estas preguntas.

Querer es conocer, y ahora yo, con tu pierna entre mis garras, tus tobillos, que entre tanto y sin que te des cuenta acaricio con un placer de relojería, me pregunto qué cojones es entonces éste saberte de memoria, de vista, oídas y manos: tus piernas que tiemblan tensas y decididas, rodeándome, tu cintura, que en mi mano es como un jarro de agua tibia, el movimiento de tu vientre que respira al acecho: esa barriguilla que engorda un poco en invierno y que mengua con la agitación del verano, describiendo una ecuación que podría meter yo mismo en un programa informático y reproducirla con toda exactitud, si no fuera porque yo de lo que no sé tanto es programas informáticos como de la curva variable de tus rodillas, la que va de tus deseos a tus pesadillas, de tus berrinches a tus éxtasís... - que no son pocos - el argoritmo de tu confusión, los dígitos de tu inteligencia, la cadencia de tu discurso como la advertencia de tus dientes...  - que amaina en mi hombro -, el gradiente de temperatura del aire de tu boca  - que se aleja jadeando un poco, sorbiendo la nariz -, ese calor dulce y constante en el espacio entre tus tetas y ese que se genera en todo tu cuerpo cuando te arrebujas junto a mí con ganas de hacer el amor. Esto todo, con lo que a lo tonto a lo tonto, he acabado por aprenderme, como un arte y un oficio, y que ahora se desprende de mi, de pronto, sobre el agua del rio, haciendo un ruido sencillo que parece por un momento todo el ruido del mundo, como el hielo de un glaciar al desprenderse sobre el océano.

Foto: "Wytrzymaj jeszcze dzień". En pié, el bailarín Maciej Piotr Beczek, encaramada a él, la bailarina Magdalena Bartczak.

1 comentario:

Meme dijo...

Preciosa forma de desarmar...

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